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El examen prostático, una clave de la salud masculina

En Argentina 3 millones de hombres padecen un agrandamiento prostático benigno con síntomas. El diagnóstico precoz redujo la incidencia de las muertes por cáncer. Aconsejan una consulta al año a los mayores de 50 años.f

"La glándula prostática produce en el hombre tres enfermedades", explica el doctor Osvaldo Mazza, jefe de la sección urología del Hospital de Clínicas y del Hospital Alemán, en una entrevista con La Prensa.

 

"Cuando uno es relativamente joven, puede aparecer una inflamación o infección que se llama prostatitis, que se cura y no deja mayores consecuencias", señala Mazza, que es además profesor titular de urología de la Universidad de Buenos Aires.

 

"A partir de los 50 años -añade- surgen otros dos tipos de enfermedades. La más común es la hipertrofia prostática benigna, o crecimiento prostático benigno. La próstata, que pesa menos de 30 gramos y tiene el tamaño de una nuez, crece, comprime la uretra, que es el conducto por el cual uno vacía la vejiga y que pasa por su interior, y el paciente tiene síntomas que trastornan su hábito de orinar".

 

"La otra enfermedad es el cáncer de próstata, que es maligna, neoplásica", continúa. "Puede ser indolente, evolucionar muy lentamente y permitir que el paciente muera de muy viejo y de otra causa, o experimentar un crecimiento violento, agudo, diseminarse por otros órganos y ser mortal".

 

- ¿Qué incidencias tienen estas enfermedades?

- El crecimiento prostático benigno se da en el 40% de los pacientes de más de 50 años, pero menos de la mitad de ellos tienen síntomas. A medida que va aumentando la vida, este porcentaje aumenta. Es así que nos encontramos que, en individuos que tienen más de 80 años, más de 80% tienen ese crecimiento, y la sintomatología es mucho mayor que la mitad.

 

- ¿Es algo propio del envejecimiento?

- Exactamente. Es casi inexorable. En hombres de más de 80 años, clínicamente el 80% tiene crecimiento benigno, e histológicamente, es decir, si uno analiza el tejido prostático, más del 90% lo tiene. Es una forma de degeneración de la glándula prostática.

 

- ¿Qué indican las estadísticas en nuestro país sobre esta afección?

- En Argentina, de acuerdo a las campañas de la próstata que hicimos hasta el 2006, e interpolando los resultados con el censo de ese mismo año, la expectativa es que 3 millones de varones padecen de síntomas y de un agrandamiento prostático benigno. Es un número importante.

 

- ¿Qué incidencia tiene el cáncer?

- El cáncer de próstata también empieza a aparecer cerca de los 50 años, en aproximadamente un 30% de los casos. En autopsias de hombres de más de 80 años cuyas muertes se debieron a otros motivos se descubrió que entre el 80% y el 90% de ellos tenían cáncer de próstata del tipo indolente.

 

- ¿En nuestro país no hay cifras sobre el cáncer de próstata, no?

- En Argentina no hay cifras exactas. Pero hay que tener en cuenta que entre los casos de cáncer indolente el 10% va a desarrollar enfermedad y el 3% va a morir de eso. Recordemos que a fines del siglo XX era la segunda causa de muerte en varones mayores de 60 años, y gracias a las campañas de prevención, a que la gente consulta, al tacto rectal, al antígeno prostático y a todas las acciones de diagnóstico que hacemos, bajó de ser la segunda causa de muerte a ser la tercera.

 

DIAGNOSTICO

- Hablemos del diagnóstico. ¿Hay personas que no llegan a experimentar los síntomas de la hipertrofia, como sucede con el cáncer?

- Los síntomas del cáncer a veces se confunden con los de la hipertrofia. Es común que el varón después de los 50 años tenga síntomas de hipertrofia. Estos síntomas se clasifican en dos tipos: por un lado están los síntomas que se producen por alteraciones del lleno de la vejiga. La vejiga tiene capacidad para almacenar entre 200 y 300 cc. de orina sin que el individuo lo sienta. Después va a sentir deseos de orinar y la va a vaciar. Los pacientes que tienen esta obstrucción van a tener disminuida esta capacidad de almacenamiento porque ya, a menos cantidad de líquido, la orina va a querer vaciarse. Entonces, uno de los síntomas de llenado importante es que el individuo va a orinar más seguido, va a tener urgencias, y si no encuentra pronto un baño para evacuar esa urgencia puede tener una pérdida de orina. Los otros síntomas son los de vaciado, que están dados por obstrucciones. En estos casos el paciente tiene que hacer fuerza para empezar a orinar, se le corta el chorro cuando está orinando, termina de orinar y no está satisfecho, o termina de orinar y a los 15 minutos tiene que volver a orinar un poco más, o tiene un chorro fino, poca potencia.

 

- ¿Puede llegar a doler?

- No, el dolor se asocia generalmente con infección o inflamación. Pero a veces, cuando la vejiga está muy llena, cuando el paciente prostático se aguanta las ganas de ir al baño, puede empezar a tener dolor porque la vejiga se sobre distiende y pierde fuerza de vaciado. En esos casos al paciente hay que ponerle una sonda. Esto se llama retención aguda de orina. El consejo: vaciar la vejiga en cuanto tengan la oportunidad.

 

- ¿Estos dos síntomas, tanto el de vaciado como el de llenado, son comunes en la hipertrofia y en el cáncer de próstata?

- El cáncer de próstata, cuando tiene síntomas, es que ya está bastante adelantado. Y no es bueno tratar a estos pacientes cuando ya tienen síntomas. Porque la glándula ya está ocupada por el cáncer y, probablemente, estas células hayan salido hacia el torrente linfático, al torrente circulatorio, y estén dando siembra en otra parte del cuerpo. Un paciente con cáncer de próstata puede tener dificultad para orinar, puede tener urea elevada porque se le obstruye la entrada del uréter a la vejiga, puede tener dolores óseos por una metástasis ósea. Lo ideal es hacer un diagnóstico temprano.

 

CONSULTAS

- ¿Cada cuanto se aconseja a los hombres que hagan una consulta con el urólogo?

- A los 50 años, una vez por año. El urólogo lo va a interrogar, le hará una ecografía para ver cómo están sus riñones, su vejiga, le hará un tacto rectal (uno de los pilares) y le tomará una muestra de sangre para el llamado PSA, o Antígeno Prostático Específico. Cuando las cantidades de PSA son anormalmente altas puede atribuirse a varios factores, uno de ellos es el cáncer. Si uno hace una biopsia de próstata en un grupo grande de pacientes con PSA elevado, en una cuarta parte va a ser cáncer y en tres cuartas partes no. Es decir, no es un marcador específico del cáncer, pero es muy útil. No hay otro.

 

- ¿Ustedes observan alguna reticencia a consultar?

- Bueno, la mujer ha sido educada desde pequeña en que tiene que cuidar su aparato genital, ir al ginecólogo. El hombre crece con la convicción de que no tiene que ir al médico. Y después tiene pudor por el tacto rectal. Pero después se da cuenta de que es un mito, es un examen lógico y a otra cosa. Es como ponerse un pequeño supositorio. Después hay campañas de prensa que confunden a la población, como una Task-Force de Estados Unidos que recomienda no hacer el PSA porque produce sobre diagnóstico de cáncer de próstata. Esto no es así. Se diagnostica por biopsia y ésta es positiva o negativa. Yo diría que el PSA produce lo contrario: sub-diagnóstico. Es decir, todavía nos deja muchos pacientes sin descubrir. Y hay algo que deberían decir y no dicen: en muchos países hay, no sobre diagnóstico, sino sobre tratamiento.

 

- ¿A qué se refiere?

- En la Argentina, existen 4 robots para operar cáncer de próstata, los "Da Vinci". Pero en Estados Unidos hay mil. Entonces, hay una sobre utilización de esas máquinas. Hay muchos pacientes con cáncer de próstata indolente, de pequeña agresividad, que se los puede ir observando.

 

- En la Argentina, ¿cuáles son las alternativas para el tratamiento de la hiperplasia y del cáncer?

- Son diferentes. Para la hiperplasia prostática benigna hay un tratamiento farmacológico que puede mejorar los síntomas, con drogas que se llaman alfa bloqueadores, o pueden achicar la glándula prostática, gracias a inhibidores de la 5 alfa reductasa. Esas son las dos líneas de drogas más importantes para la hiperplasia. A veces estos tratamientos no dan resultado porque hay un sufrimiento vesical. Porque el problema no es que la próstata se agranda. El problema es que, al obstruir, la vejiga sufre. Entonces, cuando la vejiga sufre y pasan los meses, y los años, va perdiendo su cualidad más importante que es la de contraerse. Y entonces el paciente va a tener una bolsa inerte que termina en un cateterismo vesical, una sonda. O, lo que es peor, va a tener una dilatación de los árboles de las vías urinarias altas, con insuficiencia renal, y hasta puede llegar a diálisis. Entonces, cuando uno vislumbra que el tratamiento médico no funciona recurre a la cirugía. Esta puede ser una cirugía abierta, que hoy en día es muy controlada, con una corta instancia de internación, o puede ser la cirugía endoscópica o resección transuretral, o puede ser el empleo de láser por vía endoscópica. Todas esas son variables, que dependen del cirujano.

 

- ¿Y el cáncer de próstata?

- Una vez diagnosticado, el médico sabe si ya está localizado en la próstata o ya sus células han migrado. Si han migrado se trata de un cáncer avanzado y el tratamiento en este caso es el bloqueo hormonal: bloquear la testosterona que genera el testículo y las glándulas suprarrenales. La testosterona es el motor biológico que facilita la producción de proteínas y la reproducción del cáncer de próstata. Entonces hay que bloquear ese motor biológico. Si tenemos la suerte de detectar un tumor tempranamente habrá que ver si es de bajo, mediano o alto grado. Los primeros podrían no tratarse y sólo observar si no evoluciona. En los de grados mayores tenemos la posibilidad de utilizar la cirugía o la radioterapia.