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Estar en el presente, el poder de una “minimeta”

Exceso de futuro, ansiedad, depresión, estrés. Palabras que forman parte del vocabulario diario de todos los individuos, con especial énfasis a partir de la Pandemia que estamos atravesando. Con el objetivo de dilucidar este tipo de situaciones y encontrar el camino hacia la salud mental, conversamos con la Licenciada en Psicología Andrea Trigo, docente de la Universidad ISALUD.
“La tendencia a pensar en el futuro tiene que ver con el sentido de propósito, de proyectar y proyectarse. Esto en principio no tiene por qué tener una valoración ni buena ni mala en sí misma. El tema es la base sobre la que se proyecta, es decir, con cuánta mirada en el presente. Aquellas ligadas a una ambición que se tense con los recursos es parte del motor de la vida, como psicóloga hasta diría que es el principio de la salud. Ahora, si proyectamos muy distorsionados de nuestro punto de partida, es decir de quiénes somos en el presente, las chances de frustración y rechazo son altas”, explica. Por otro lado, resalta que aún teniendo todos los recursos, es imprescindible la elaboración de un plan, ya que sin este último la proyección se torna utópica, siendo prácticamente una llamada al fracaso (con todo lo que eso puede implicar a nivel emocional, de tiempo y económico). “El mundo nos ha demostrado hoy que los planes son re-convertibles, re-pensables y que necesitan de una mentalidad adaptable y ágil. Por eso el combo perfecto sería: Proyectos + Autoconocimiento + Plan + Flexibilidad”.

Consultada acerca de las herramientas o recursos a utilizar para enfocarse en el presente, la docente introdujo el término “Minimetas”, las cuales considera como un cambio en sí mismo y el punto de partida para lograr cambios más complejos. “Los individuos tienen una tendencia natural, bastante autoexigente, a proponerse en grande y pensar en futuros lejanos. Fijarse metas en grande, muchas veces no es más que la mejor manera de sostener la imposibilidad de logro, generando conversaciones de enojo, frustración y reproches. Con esto no quiero decir que esté mal pensar en grande o ponerse objetivos importantes en la vida, lo que quiero significar es que si estas implican la generación de cambios radicales, la sola declaración del objetivo lleva a un entusiasmo que rápidamente se desvanece por la falta de recursos, de hábitos y apoyo. Por eso, para pensar en grande hay que pensar en chiquito y es ahí donde las minimetas® se vuelven no sólo necesarias sino también poderosas, tangibles y maniobrables”, explicó.

Además, agregó la necesidad de pensarlas basadas en tres principios: que sean concretas, a corto plazo y cumplibles,  “Cuando una persona va avanzando en el camino de las Minimetas, empieza a sentir no sólo que el aprendizaje y el cambio son posibles, sino que también empieza a gozar de los beneficios. Y, ¿quién no quiere avanzar cuando le gusta lo que está haciendo y se está sintiendo bien?”, expresa.

Para finalizar, la profesional resaltó la importancia de los ciclos vitales para poder entender mejor dónde estamos parados y hacia donde queremos ir: “Los cambios de décadas marcan hitos y requieren, en el mejor de los casos, de un planteo o re-planteo de cómo “venimos viviendo”. Desde ya, cada ciclo vital tiene sus características y nos desafían a distintas cosas en la vida.  Pero, sin ningún lugar a duda, los ciclos vitales tienen que ver y mucho. Además, están “las circunstancias”, es decir el contexto, nuestras redes de relación y las crisis accidentales que podemos vivir, que nos interpelan y muchas veces nos vuelven a llevar a proyectarnos (a veces hasta pensar en cambios radicales)”; “Lo más importante de proyectarnos y animarnos a cambiar es no perder el poder de elección. Ser consientes de qué elegimos refuerza patrones de comportamiento positivos, aumenta nuestra autoestima y nuestro poder personal. Quienes dejan en manos de otros o del destino su vida, son personas que suelen estar frustradas, resentidas o tristes.  Quienes se proyectan y eligen refuerzan emociones positivas como el orgullo, la alegría o la gratitud, culminó”.