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Autoestima: la importancia de su cuidado a lo largo de la vida

En una época en la cual la exposición se convirtió en moneda corriente, donde las redes sociales invitan a consumir la vida diaria de otros, la autoestima cobró real importancia, detectándose un aumento en la cantidad de casos de autoestima baja. 
Consultada sobre cómo se puede trabajar para poder mejorarla, ya sea individualmente como dentro de nuestro grupo cercano, la Licenciada en Psicología María Laura Santellán, docente de la Universidad ISALUD, nos explica de qué se trata este fenómeno del que cada día se habla más.

“La autoestima es un constructo que define las apreciaciones positivas que tenemos sobre nuestro propio ser. Es un concepto que ha sido altamente desarrollado en lo que es la psicología clínica y general y tiene una implicancia importante en lo que refiere a la psicopatología. Muchas de las sintomatologías actuales a nivel psicopatológico tienen como signo y síntoma una autoestima baja. Esto significa que esa persona tiene un mal concepto de sí mismo y un afecto mayormente negativo”, explica. La profesional diferencia las connotaciones negativas que pueden presentarse, las cuales pueden ser estrictamente sobre algún área personal o también acerca de todo el sí mismo: “Generalmente el área corporal es la más afectada, aunque veces suceden situaciones como un sentimiento general de inadecuación,  donde la persona tiende a sentirse fuera de lugar, no tenida en cuenta y poco valiosa para su entorno y el mundo en general”, indica.

Consultada sobre las causas que la generan y promueven, la docente expresó: “Está relacionada con nuestro sistema de socialización primaria y secundaria, por eso el entorno es “quien nos enseña a querernos y nos facilita a tener un buen concepto de nosotros mismos. Muchas veces esta carga afectiva se ve poco fluida hacia el niño por diversas razones, como pueden ser conflictos familiares, circunstancias particulares o rasgos de personalidad de la mamá o el papá, y eso hace que, tal vez, en el funcionamiento de una determinada familia a nivel de estos lazos primarios no se dé un buen ámbito afectivo validante de ese niño. Estos también pueden ser la escuela o los grupos de pares, y es ahí donde el tipo de vinculación que se da facilita que esa persona se connote a sí misma positivamente o no. Son los que promueven que el niño se sienta aceptado”. Otra de las causas que pueden desarrollar esta situación, explica, es cuando una persona tiende a construir el mundo en términos egocéntricos: “Lamentablemente, si ese egocentrismo fuera positivo, la sensación de bienestar psicológica sería alta, pero no lo es, porque en realidad esta manera egocéntrica de construir el mundo genera mucho malestar, porque es una mirada siempre puesta en uno pero a su vez muy negativa”, resalta. 

Con respecto a la presión ejercida por las redes sociales, la docente manifestó: “La baja autoestima es un síntoma de nuestra cultura actual y las redes se han convertido en un verdadero termómetro de aceptación social. Más likes o seguidores tengo, o más muestro mi vida y soy carismático, todo esto ayuda a que yo me sienta bien conmigo mismo. Esta necesidad ya instaurada y permanente de mostrar nuestra vida personal al mundo a través de dispositivos, hace que de alguna manera nuestra aceptación social se vuelva más virtual y menos real. Fomentan bastante la autocritica, la no aceptación a través de la comparación arbitraria acerca del éxito del otro y el fracaso propio en cuanto a los niveles de popularidad, y puede llegar a ser un factor muy presente como fomentador de tristeza, sensación de malestar o sentimientos de inferioridad en quienes no logran altos niveles de popularidad en redes”.

Para finalizar, la profesional brindó herramientas para poder utilizar a la hora de lidiar con una situación de este tipo: “Una manera muy constructiva de aumentar la autoestima es empezar a concebir el mundo en su máxima complejidad. Todo lo que nos rodea está atravesado por múltiples variables y no siempre las cosas malas que suceden o no tienen que ver estrictamente con nosotros. Por eso, poder capturar la complejidad de nuestro mundo interpersonal y las experiencias de vida, facilita muchísimo el poder ver que también somos una variable más en las cosas buenas y malas que suceden. Por lo tanto, poder fluir en nuestro mundo interpersonal, aumentando nuestra capacidad de amar y de conectarnos afectivamente con nosotros “olvidándonos un poco de nosotros mismos” y siendo menos críticos o perfeccionistas y más compasivos es una excelente manera de mejorar nuestra relación con nuestro ser. Correr el haz de luz que se posa sobre nosotros, donde somos el principal jurado y el más estricto, esto hará que podamos participar libremente en nuestro mundo interpersonal y en nuestra construcción de experiencia de vida”, culminó.