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Literatura y desarrollo infantil

El gusto por la literatura,  parafraseando a la antropóloga francesa Michele Petit, más que enseñarse, se transmite, pero ¿qué quiere decir esto?, que necesitamos que alguien que sea querido, respetado, y con quien el niño o la niña tenga un vínculo de cariño, les abra la puerta de ese mundo.
Que los invite a jugar a ese lugar donde nos ven sumergirnos y disfrutar. Alguien que les cuente cuentos e historias, que lea, y les lea, alguien que invite y acerque palabras amables, interesantes, cautivantes. Se transmite un interés en una escena, en la que el libro y las palabras (e imágenes) cobran protagonismo, no sólo por sí solas, sino porque podemos compartirlas y disfrutarlas junto a un otro. El mundo de la literatura, tiene ese doble juego, donde aparecen situaciones, o personajes cercanos, y al mismo tiempo con una distancia necesaria para que podamos acercarnos de a poco. Tiene esa extrañeza, eso de lugar desconocido, que para adentrarse, para entrar al armario, para cruzar el espejo, es recomendable hacerlo de la mano de alguien que transmita seguridad. 

Este carácter vincular que presenta el contar cuentos, se da también por la particularidad de la tarea, hace que la atención del adulto que cuenta esté dedicada exclusivamente a ese cometido. No puedo leer y estar contestando un WhatsApp, ni puedo sostener el hilo de una historia mientras veo videos en Youtube, y esto las niñas y los niños lo valoran. Hay una presencia en este hecho que lo vuelve muy interesante para ellos. 

Por otro lado, el gusto por la lectura se va construyendo, y como adultos, podemos acompañar la elección de libros y  temas, ir descubriendo autores y géneros, y eso conlleva un tiempo, hasta encontrar un diálogo, un código compartido entre lector y texto. 

En estos momentos de incertidumbre, leer nos permite por un lado “ir” hacia otros lugares, abstraernos hacia otras situaciones y también encontrar palabras que nos ayuden a elaborar aquello que nos está sucediendo. Nos ayuda a sentirnos menos solos frente a lo desconocido, a encontrar valor a través de las aventuras de los personajes, a depositar los miedos, a identificar lo malo en un cruel villano, y hacer más soportable nuestra realidad. Nos presta palabras para nombrar aquello que no sabemos. La literatura nos ayuda a darle forma, sentido a aquello que nos atraviesa y nos deja perdidos, se nos ofrece como brújula e impulso para continuar el camino. 

En este contexto, los libros pueden cumplir también la función de puentes para unir, a través de las palabras, aquello desconectado. Además del placer de leer, podemos encontrar el placer de compartir, de conversar acerca de esa historia y de crear nuevas. Nos pueden ayudar a hablar de aquello que creemos que sintió tal o cual personaje (y después hablar de nuestras emociones y afectos), podemos imaginar finales diferentes a historias conocidas (y hablar del futuro), podemos incluirnos en cuentos para cambiar el destino escrito (y encontrar coraje en una época de miedos). La literatura nos requiere en un rol activo y presente, que nos ensancha el mundo, nos permite imaginar otros mundos y nos ayuda a elaborar la propia historia. 

Considero que en este contexto favorecer el encuentro con los libros es una tarea de cuidado fundamental para construir sentidos y representaciones, para sentí y pensar aquello que nos acontece.

Por Licenciada Magdalena Arias (Docente y Coordinadora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad ISALUD en Tigre)