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Magda Choque Vilca

De la #Pacha al plato: mujeres, cultivos originarios y cultura alimentaria

A Magda Choque Vilca la conocen como "la reina de las papas andinas". Esta ingeniera agrónoma jujeña es una fiel protectora de los cultivos y las recetas del Altiplano. Se declara heredera de la cultura del Cacique Viltipoco de Tilcara y su apellido tiene un significado ancestral: ‘Choque’ ('Papá semilla' en Aimara) y ‘Vilca’ (‘Piedra Sagrada’).
Magda fundó la Escuela de Cocinas Regionales y cultivos andinos de la UNJu en Tumbaya (Jujuy) y cuenta con una increíble memoria afectiva de los aromas. Experta en cultura alimentaria, día a día revaloriza la historia de su gente, los cultivos y los alimentos, rindiéndole culto a la sagrada Pachamama.

Las papas y el ‘papahuayco’ –plato hecho a base de papas- se cruzaron en su camino para enseñarle que una agricultora podía aportarle más conocimiento sobre el campo y la comida que cualquier academia. Tampoco es casualidad que conociera al amor de su vida un 8 de marzo: el Día Internacional de la Mujer. Una fecha que conecta la vida de Magda con la defensa de los derechos de las mujeres rurales y los pueblos originarios.

¿Cómo es tu día en una jornada habitual?

Me levanto a las 6,30 AM y me tomo unos mates o un café. Juego con mi nieto hasta las 8, salgo para la facultad y cuando me toca ir al campo, tomo mi camioneta. Todos mis días son distintos, intensos y sublimes. Cada vez que amanezco siento que puede ser un día muy especial. A veces peco de optimista, pero creo profundamente en lo que me dijo mi papá: “Hay solo una manera de vivir la vida y es ser feliz”. Mi felicidad está en el campo, en los cultivos, en la cocina, en cada cosa que hago con mucha pasión.

¿Cuál es tu conexión con el campo?

Las clases de cocina, la cooperativa, la quínoa… Mi vida llegó de la mano del rescate de las papas y los cultivos andinos. Si hay algo que aprendí del campo es que nada está solo; todo está enlazado de una manera armónica e integradora. Le agradezco a la vida que pude combinar el saber que me enseñaron en casa con el saber que aprendí en la facultad.

¿Cómo empezaste a trabajar en la agricultura?

Empecé promoviendo el campo, la quinua y las papas. Las agricultoras me enseñaron que la cocina es la mejor manera de ser nodriza.  Después de las capacitaciones en el campo con la cocina, pude saborear todo lo que te da el campo. Se trata de otra dimensión: la de la madre, la casa, la Pacha, la cocina de mi abuela que me abrazaba con sus sabores.

¿Cuáles fueron tus motivaciones para dedicarte a la vida agrícola?

Lo hice porque quería quedarme en mi territorio, ser útil y estar al servicio. Mi casa fue una casa muy alegre donde se vivió la guitarra, el baile, el carnaval, con la misma intensidad que el servicio a los demás, con una mamá maestra del alma y un papa maestro de la vida por excelencia. Mi poderosa autoestima, fruto de la hermosa enseñanza que tuve de mis padres, y quizás ahí surgió esta necesidad de transmitirlo. Después fui consciente que al transmitirlo ayudaba a otras personas, a que sientan lo mismo que yo y que saquen de adentro esa hermosa necesidad de cuidar nuestra tierra, ayudar a construir un lugar donde nos queremos quedar con nuestras costumbres, nuestras raíces, vivir bien en ese lugar. No sé si es ayudar, pero lucho por la equidad porque tengamos las mismas oportunidades y podamos alcanzar nuestros sueños.

¿Cuál es tu identidad y qué vínculo tienes con la cocina y los alimentos?

Para mí es un orgullo ser coya, ser de un pueblo originario, indígena, morocha, de color cobrizo, intensa, bailarina… Cuando era pequeña y celebraba la Pachamama me sentía especial. Todas estas cosas fueron construyendo en mí una identidad muy profunda. En ese camino entendí que la cocina es transversal, que mantener viva la cocina es el valor agregado que necesitamos para poner todos nuestros productos en los circuitos económicos y gastronómicos.

¿En qué organizaciones participaste?

Trabajé con la universidad, lo que me permitió entender que a través de ella puedo generar herramientas para los jóvenes. FUNDANDES (Fundación para el Ambiente Natural y el Desarrollo Sostenible) me enseñó que a veces los circuitos que pueden parecer burocráticos en el estado, pueden ocupar un lugar en el tercer sector; CONDESAN (Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina), me abrió la posibilidad de ver que Latinoamérica y Jujuy no formaban parte de este sector andino a nivel gerencial o de estrategias compartidas; y Naciones Unidas, a través de un proyecto de conservación in situ de los cultivos andinos.

¿En qué consistió tu colaboración con Naciones Unidas y la FAO?

Participé con Naciones Unidas en un proyecto de conservación de los cultivos andinos que trata de formar recursos humanos locales para que puedan seguir ellos con la tarea de promoción y gestión de los recursos locales al servicio de la comunidad. La FAO y el Banco Mundial nos dieron espacio desde la representación, para tener voz e ir tratando de entender algo que me costó. Siempre creí que el estado era el gobierno, pero entonces entendí que el estado soy yo; que puedo generar entropías para que se puedan sostener en el tiempo. Es así como surge en 2009 en Tumbaya la primera tecnicatura gastronómica especializada en cocina regional y cultura alimentaria en Argentina y toda Latinoamérica: una iniciativa que busca rescatar los sabores y gustos propios de esa zona del noroeste argentino.

¿Y con la FAO? ¿Qué actividades has realizado?

En el Año Internacional de la Quinua 2013 tuve la oportunidad de entrelazarme con la FAO a nivel de la organización de los congresos y talleres donde poder hablar de la quinua, no solo como producto mercantil, sino que pudimos interactuar mostrando nuestra visión.

¿Cuál es la situación de la mujer en la agricultura?

Daría para escribir un libro. Me parece que tiene que ver con las mujeres, tierra, campo, artesanía, cocina, la olla de la casa, la crianza de los hijos. La mujer, dentro de la estructura familiar, mantiene la tradición de conservar las papas, un plato, siempre al lado de los hombres, los niños, no contraponiéndose a ellos ni ocupando un lugar alterno, sino absolutamente desde una visión complementaria. Son mujeres conscientes de que la complementariedad es necesaria para llevar un proyecto adelante.

¿Las mujeres son imprescindibles en el campo?

Sí, desde la selección de las semillas, la conservación y la gestión del agua, hasta la seguridad y la soberanía alimentaria, y su rol de mantener la casa pero a su vez integrar a cada miembro de la familia en la identidad. Actualmente no está suficientemente reconocida esta labor en su visión integradora de la mujer. Los conceptos que se manejan en la agricultura son conceptos economicistas donde la parte sociocultural que se relaciona con los cultivos no es vista como una entropía en la conservación de los cultivos. En ese contexto, la mujer es estratégica como dinamizadora de los procesos y creadora de los sistemas de cultura alimentaria actuales.

¿Qué papel juegan las mujeres en la producción de cultivos y alimentos?

Trascendental, poderoso, estratégico y medular porque son las que al seleccionar las semillas y poner los platos cotidianos en la mesa van creando el enlace afectivo, productivo y sociocultural, una dinámica apta y holística en lo que puede ser la conservación de los productos locales, su proyección y la puesta en valor.

¿Qué podemos hacer al respecto?

Reconocer, poner en valor y visibilizar toda la potencialidad que tenemos las mujeres dentro de los procesos, no solo del campo, sino también a nivel de gerenciamiento de la acción de los procesos agrícolas. Las mujeres en las empresas agropecuarias no están visibilizadas pero hacen posible que estos procesos puedan ser inclusivos.

La mujer también es emprendedora. ¿Qué iniciativas conoces?

La mujer emprendedora no es solo la que genera productividad, sino también la que con lo que tiene en la casa logra que alcance para todos con lo que hay en la casa reutiliza y posibilita que esa familia tenga un plato en la mesa y semilla para sembrar. Son las nodrizas de las semillas y las que van al trueque para generar el mejor precio o venden para crear circuitos de negocios.

¿Cómo podemos empoderar a las mujeres rurales?

Comunicando y generando equidad a través de la formación. Es fundamental que puedan quedarse en sus territorios. Para ello deben generarse espacios para que se capaciten, se proyecten y accedan al crédito; debe crearse un capítulo especial para la mujer rural. Nos falta trabajar la complementariedad y la multiplicidad de acciones que realiza la mujer desde su rol de mujer del campo; trabajar sobre el empoderamiento pero a nivel de equidad en las mesas de discusión donde se toman decisiones. Muchas veces son los hombres los citados a tomar decisiones pero son las mujeres quiénes ocupan un lugar protagónico en esos procesos.

¿Qué problemáticas enfrenta la mujer rural?

La multiplicidad de acciones que realiza la mujer rural no está visibilizada porque el sistema favorece que la voz general la tengan los hombres. A nivel gerencial, los que verbalizan las decisiones son los hombres pero hay un escuadrón de mujeres acompañándoles que logran que esta toma de decisiones se sostenga en el tiempo. No hay obras sociales para mujeres rurales, ni un reconocimiento del estado explícito y pragmático de la mujer rural.

Acá en la quebrada, si viene una creciente, y el río se lleva la siembra, las mujeres rurales son las que se ocupan de reiniciar todo al día siguiente, son las que en situación de dificultad generan la resiliencia. Es una obligación poner en valor todas estas resiliencias porque más allá que sea la familia rural, la mujer tiene un rol protagónico en la conservación de las semillas, en el impulso de la cultura alimentaria.

¿Te resulta difícil compaginar tu trabajo con la vida familiar?

No ha sido difícil porque cuando tenía que irme por trabajo, mi familia me ayudaba a preparar todo. Ellos son mis raíces y mis frutos. Voy a cumplir 30 años de casada, conocí a mi esposo un 8 de marzo el Día de la Mujer y significó un salto cualitativo en mi vida. Mis hijos y mi esposo están orgullosos de las cosas que hemos logrado. Verme disfrutar tanto en el campo es también su disfrute. Es difícil encontrar a alguien que se alegre con tus alegrías, alguien que aplauda con el corazón cuando eres feliz. Agradezco a la Pacha que tengo un compañero que me ha acompañado sin invadirme. Sin el acompañamiento de toda mi familia hubiera sido imposible. Estamos haciendo algo por nuestra tierra, por lo que nos han dejado nuestros abuelos; por lo que esperamos dejarles a ellos.

FAO declaró este 2016 el Año Internacional de las Legumbres. ¿Qué papel juegan las mujeres su uso y cultivo?

Las mujeres inician el circuito de las legumbres hasta la mesa; innovan y crean en la cocina, el campo. Las legumbres no están reconocidas, no solo por su valor nutricional, sino por el valor que tienen para la cultura de nuestros pueblos. En Jujuy, en la Quebrada, encontramos porotos, habas, arvejas, la siembra simultanea de maíz…

¿El patriarcado es un obstáculo?

Sí, es un obstáculo, pero no solo para las mujeres rurales. Cuando las mujeres ocupan roles protagónicos, los hombres todavía no tienen en cuenta su voz. A la hora de tomar decisiones gerenciales, muchos hombres dicen que cuando grita una mujer “es una histérica”, pero cuando grita un hombre, dicen que “tiene voz de mando”. Estas visualizaciones comunicacionales en los diferentes roles sociales y culturales siguen sosteniéndose. Por ello, hacen falta condiciones de equidad, por todas las actividades que realiza la mujer: No se le dan los espacios necesarios para que tenga oportunidad de proyectarse, estudiar y promoverse.

¿Quiénes son tus maestras o referentes?

He tenido innumerables maestras, mujeres de distintos roles y ámbitos protagónicas, auténticas y  generosas: Sonia Salas, coordinadora de REDAR (Red Argentina para el Servicio Público), de quién aprendí la humildad y generosidad de los grandes; Susana Martin, presidenta de una cooperativa agrícola; Teresa Cardoso, coordinadora de una comunidad aborigen; la socióloga peruana Isabel Álvarez, impulsora del reconocimiento de las picanterías en Perú como Patrimonio Cultural de la Nación; Claudia Bachur, directora de Caminos y Sabores; la antropóloga Gabriela Carasí; la arqueóloga Maria Talbec; María Eugenia Vernal, gobernadora de la provincia de Buenos Aires; la ingeniera agrónoma y empresaria Paula Marra.

Las mujeres de mi familia: mi madre, una maestra rural que ha luchado por sus alumnos y la equidad de sus alumnas, ya que a veces en el campo se prioriza que estudien los hombres; la abuela Rosalía que me enseñaba a leer el viento y las nubes en el campo, y que desde su cocina ha generado ingresos en la casa y nos ha sostenido a todos alrededor de la mesa.

¿Cuál es tu alimento o receta favorita?

Son varios los platos llenos de historias, territorio, vida, y raíces. El Papaguayco, una receta que se come con las papas recién cosechadas y que simboliza a mi abuela, mi identidad, mis papitas y la celebración de la cosecha. Otro plato que marcó mi infancia es el picante de pollo, hecho por mi abuela Rosario. En la familia de mi padre, se comían laguas de choclo y sopas.

Mi infancia ha sido plena hermosa, privilegiada porque a la vez que podía estudiar tenía mis carnavales, mi fiesta, mi casa. Una casa con mucho bombo, fiesta, baile, música, celebraciones, lo que me ha hecho celebrar la vida. Quiero todo lo que tengo y tengo todo lo que quiero, soy una mujer muy feliz. Siento que la Pacha me abraza cada vez que voy al campo. Siento que la vida me ha dado la posibilidad de ver en cada uno de mis actos que la transversal de mi vida ha sido la alegría.

Por fao.org/argentina