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Descubrí los beneficios de los probióticos: las bacterias que cuidan tu salud

Cuando escuchamos hablar de “probióticos” en general desconocemos qué son, qué beneficios aportan a la salud o solemos pensar que se trata de una palabra que se impuso como tendencia pasajera. De hecho solo uno de cada tres argentinos sabe qué son los probióticos. 
Lo cierto es que existe evidencia científica que asegura que los probióticos son bacterias de las “buenas”, ya que ofrecen ventajas para nuestro organismo, y la buena noticia es que podemos incorporarlas a nuestra dieta a través de ciertos alimentos. 

Estás en una reunión con amigos y alguien propone jugar a asociar libremente palabras que te vengan rápidamente a la cabeza a partir de otra palabra dada,  y te dicen: “Si te digo ´bacteria´, ¿qué palabras se te ocurren?”. Y ahí empezás: miedo, asco, enfermedad, suciedad, bichos…. 

Desde chicos aprendimos que todos los miembros del colectivo de los “bichos” son seres que es mejor tener lejos. Pero hace algunos años la evidencia científica derribó ese relato al demostrar que ciertas bacterias no solo no son perjudiciales para la salud, ¡sino que son beneficiosas!. A tal punto que hoy resulta deseable convivir con millones de bacterias que cumplen funciones definidas y ayudan en muchos procesos de nuestro metabolismo, además de protegernos frente a la acción de otros microorganismos que sí pueden resultar perjudiciales para nuestra salud. 

Las bacterias como agentes de salud 

En nuestro cuerpo habitan millones de bacterias que se alojan en distintas zonas: la piel, párpados, nariz, boca y también en el intestino conformando la microbiota intestinal. Si bien la microbiota de cada persona es única, ya que está compuesta por gran variedad de colonias de bacterias (buenas y malas), los “lactobacilos” y las “bifidobacterias” son los dos tipos predominantes en la colonia de las personas que gozan de buena salud. Precisamente estos dos tipos de bacterias beneficiosos están presentes en el yogur.

“Las bacterias probióticas fueron definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como microorganismos vivos que, consumidos en dosis adecuadas, ejercen efectos benéficos sobre la salud, más allá de las inherentes a la nutrición básica”, explica el biólogo y especialista del CONICET, Gabriel Vinderola. “La mayoría de estas bacterias pertenecen a los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium y son incluidos en productos lácteos fermentados, principalmente yogures, para su llegada al consumidor”, agrega Vinderola.

Por su parte, la jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. Bonorino Udaondo, Andrea González, sostiene que si hablamos de la ‘matriz yogur’ de alimentos, esta cuenta con ácidos grasos bioactivos, proteínas, vitaminas y minerales, y fundamentalmente calcio y vitamina D, y además es muy versátil ya que puede transportar probióticos y además prebióticos, que son la fibra alimentaria, es decir, el alimento que eligen nuestras bacterias para producir variedad y abundancia en nuestra microbiota intestinal.

Por un lado tenemos a los prebióticos, es decir, la fibra de las frutas, las verduras y los cereales enteros. Luego están “los bichos” en sí que son los probióticos que incorporamos vivos a través de los alimentos fermentados como el yogur; y finalmente están los posbióticos, resultado del “trabajo” de las bacterias en nuestro organismo. Ejemplos de posbióticos son el acetato, el propionato y el butirato: ácidos grasos de cadena corta. De estos, el butirato, por ejemplo, previene el cáncer de colon. 

El yogur como fuente de probióticos

“Los yogures no son los únicos vehículos de probióticos, hay otros alimentos como los jugos de fruta, los helados, las barras de cereal o algunos chocolates que se utilizan como alimentos que contienen probióticos, inclusos suplementos alimenticios disponibles en farmacias, como cápsulas, píldoras o sachets que contienen probióticos”, señala Vinderola. 

Pero ¿cuáles son las características que han hecho del yogur el alimento de preferencia para la incorporación de probióticos? “Por un lado, el yogur es un alimento de elaboración relativamente simple, donde la leche se pasteuriza, se agregan las bacterias Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus para fermentar la leche y una vez enfriado el producto, se agregan los probióticos, el yogur se envasa y se mantiene refrigerado hasta su consumo, lo cual se da dentro de las 4-5 semanas de su elaboración”, continúa el especialista. 

Es decir, los probióticos, durante la producción del yogur o su conservación en heladera, no se encuentran expuestos a condiciones ambientales que pudieran afectar su viabilidad, dado que, para que funcionen como probióticos, deben ser consumidos vivos, y el alimento debe asegurar esa supervivencia. Los probióticos no podrían agregarse a alimentos que requieran cocción o que se mantengan fuera de la heladera.

Asimismo, vale aclarar que no todos los yogures aportan probióticos, sólo aquellos que están declarados en la etiqueta. (ver recuadro con la normativa para poder denominar alimento probiótico).

Por otro lado, para que los probióticos cumplan sus efectos benéficos la ingesta debe ser frecuente y sostenida en el tiempo, como es el caso de las personas que diariamente consumen un yogur como parte de una colación saludable. A su vez, pocos alimentos reúnen simultáneamente estas características de consumo frecuente, perfil nutricional adecuado y proceso de elaboración compatible con la supervivencia de los probióticos”, concluye Vinderola. 

A su vez, la lactosa del yogur se digiere de manera más eficiente que en otros lácteos, aclara la especialista González. Y agrega: “La lactasa bacteriana presente en el yogur sobrevive en condiciones ácidas en el estómago, además subsiste al PH neutro duodenal, y así llega entera al colon, pudiendo colonizar la pared colónica para hacerla menos permeable a bacterias malas”.

De esta manera, el yogur es el alimento fermentado más difundido en nuestra cultura, y esto se debe a que además de ser un alimento que agradable al paladar y práctico para consumir en cualquier momento y lugar, podemos elaborarlo de manera casera o consumirlo en sus versiones industrializadas. Asimismo, podemos encontrarlos en una gran variedad de sabores y presentaciones: los hay con frutas o cereales, batidos, cremosos, bebibles, enteros o light y en envases individuales, sachet o botella para consumo familiar. Y, como si todo esto fuera poco, ofrece efectos muy beneficiosos para la salud con el consumo de una porción diaria. 

Sin embargo, pese a todas las bondades que ofrecen los yogures con probióticos, su consumo en Argentina es bastante pobre si lo comparamos con el de otros países. En Suiza, por ejemplo, se calcula que una persona consume 35 kilos de yogur al año, mientras que en nuestro país ese número desciende notablemente a tan solo 7 kilos al año por persona. 

Esto, a su vez, tiene consecuencias negativas para nuestra salud dado que yogur es un alimento altamente recomendado para prevenir y en algunos casos aliviar el malestar digestivo, como como reflujo frecuente, intolerancia alimentaria, síndrome de intestino irritable, trastornos funcionales y diarreas frecuentes y enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2. 

Somos lo que nuestras bacterias comen

La especialista González advierte: “Los alimentos que ingerimos no son inocentes y vamos a tener que adquirir cada vez más conciencia de qué es lo que consumimos como alimentos. Nuestra dieta

tiene que ser un acto responsable, porque todo lo que ingerimos llega a nuestro intestino, y los restos que nuestras enzimas del intestino delgado no pudieron digerir llegan al colon, donde las bacterias se van a alimentar de eso que les dimos, sea bueno o malo, y si es malo nos trae consecuencias para la salud”.

Por todo esto es fundamental atender a nuestra dieta ya que, como explica González, “nos hemos transformado en una tríada muy importante conformada por lo que comemos, que es la dieta; el huésped, que somos nosotros; y nuestra microbiota, es decir, el conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino”. Y no podemos disolver esta triada porque nos necesitamos y dependemos unos de otros estrechamente. Y para optimizar esta relación nada mejor que el consumo de prebióticos, probióticos, derivados, solos o combinados, porque si hay equilibrio en la salud digestiva, hay equilibrio en todo nuestro cuerpo, subraya González.

Por otra parte, cada país dispone de una guía alimentaria con recomendaciones específicas sobre qué conviene incluir en la dieta, y en qué proporciones. El Código Alimentario Argentino recomienda ingerir tres porciones de lácteos al día. La doctora especialista en nutrición y directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición Clínica de la Universidad de Buenos Aires María Elena Torresani considera que “lo más recomendable es que al menos una de esas porciones diarias sea un yogur o un lácteo fermentado rico en probióticos. ¿Por qué? No tienen contraindicaciones y solo existe evidencia científica que muestra beneficios”. 

¿Cuáles son los beneficios puntuales de los probióticos para nuestra salud? 

Obesidad: Dado que una microbiota sana fabrica ´incretinas´, que son hormonas que van al cerebro, quitan el hambre y dan saciedad. También disminuyen la inflamación y la insulinorresistencia. 

Diabetes Tipo II: Independientemente del tipo de yogur que sea, del tenor de grasa que tenga y que sea o no azucarado. “Un yogur al día ha mostrado una reducción de al menos el 17 por ciento de la probabilidad de padecer diabetes tipo 2”, explica Torresani. Y agrega: “A su vez hay suficiente evidencia científica que respalda los beneficios del consumo de yogur en el control de la glucosa en sangre”. 

Bienestar emocional: Una microbiota que está bien nutrida fabrica neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que tienen que ver con el placer y la estabilidad emocional, el control de impulsos y saciedad. Esto es posible gracias a las proteínas lácteas y las que están en los yogures derivados de leches.

Por otra parte, el consumo de yogur está asociado con patrones saludables ya que, de acuerdo con el contenido nutricional, los consumidores de yogur digieren más cantidad de nutrientes esenciales. Asimismo, estas personas tienden a consumir más vegetales y fibras y menos alimentos procesados, fritos, pizzas, refrescos con azúcar y alcohol. Los consumidores de yogur suelen llevar una vida menos sedentaria y más ligada a la actividad física. 

En cuanto a los niños, González enfatiza: “Está comprobado que los chicos que consumen yogur suelen consumir también todo lo que viene habitualmente con el yogur, es decir, frutas y cereales integrales y además tienen una dieta más rica y variada”. Y resalta al respecto: “Hay una frase de Shakespeare que me gusta mucho y dice ‘Nuestros cuerpos son nuestros jardines, nuestras  decisiones nuestros jardineros’. Esto significa que hay que hacerse responsable de la alimentación y, si somos padres, ser responsables de la alimentación de nuestros hijos, por eso hay que educarlos”.

Al conocer las múltiples bondades que nos ofrecen los probióticos, ¿no sería un buen momento para que empecemos a incorporarlos en nuestra dieta? Así podremos transformarnos en “los jardineros de nuestros propios jardines” y, en consecuencia, tener una mejor calidad de vida.

 

¿Qué condiciones debe cumplir un microorganismo para ser considerado probiótico?

El microorganismos tiene que cumplir determinados requisitos, entre los que se encuentran: una caracterización “in vitro; tener resistencia gástrica y biliar; haber realizado ensayos “in vivo” e “in vitro” que demuestren los efectos probióticos adjudicados, y en cuanto a la seguridad, la cepa probiótica no debe ser riesgosa para la salud.

 MARCO NORMATIVO a nivel internacional y en Argentina.

Japón diseñó marco legal para los probióticos estableciendo el sello FOSHU (Foods for Specified Health Use), que distingue a aquellos alimentos que se espera tengan un efecto beneficioso específico sobre la salud, tanto por la adición de determinados constituyentes activos como por el efecto derivado de la supresión en los mismos de alérgenos alimentarios. De esta manera, para que un alimento pueda ser considerado FOSHU se requieren pruebas de que el producto final ejerza un efecto saludable sobre el organismo cuando se lo consume como parte de una dieta corriente. Los productos FOSHU deben presentarse en forma de alimentos habituales y no como comprimidos o cápsulas.

En tanto, La Unión Europea, cuenta con un programa de la Comisión de Acción Concertada sobre Bromatología Funcional en Europa (Functional Food Science in Europe, FUFOSE) que tiene por objetivo desarrollar y establecer un enfoque científico sobre las pruebas que se necesitan para respaldar el desarrollo de productos alimenticios que puedan tener un efecto beneficioso sobre una función fisiológica del cuerpo, mejorar el estado de salud y el bienestar de un individuo, y/o reducir el riesgo de desarrollar enfermedades. En este sentido, la Comisión elaboró en 1999 un documento de consenso denominado “Conceptos científicos sobre los alimentos funcionales en Europa.”

Argentina, por su parte, comenzó a trabajar sobre una normativa al respecto, conformándose en el año 2006 un grupo de trabajo Ad Hoc, a solicitud de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL). El principal objetivo es evaluar la definición y los parámetros de estos productos para luego tratar su incorporación al Código Alimentario Argentino (CAA). En una primera etapa se comenzó a trabajar en la definición de “Probióticos”, tomando como referencia la normativa internacional existente.

Actualmente se ha encarado la elaboración de dos protocolos, uno correspondiente a las cepas probióticas y el otro respecto de los alimentos probióticos (productos a los que se incorporan dichas cepas). Estos protocolos apuntan a establecer las exigencias necesarias para demostrar las funciones benéficas que presenta el probiótico en estudio en el o los alimentos en los cuales vaya a ser utilizado.

Estos alimentos resultan beneficiosos y pueden ser un complemento saludable para una dieta y un estilo de vida apropiado. Son susceptibles de mejorar la salud, pero hay que valorarlos en su justa medida, puesto que no curan ni previenen por sí solos alteraciones ni enfermedades. Son una

 

opción a tener en cuenta en determinadas circunstancias, como la alta exigencia que afrontan los deportistas de elite, o las necesidades de quienes, por ejemplo, padecen alteraciones o enfermedades tales como diabetes, obesidad, o malestares digestivos.



Fuentes:

Gut Microbiota For Health: Ácidos grasos de cadena corta y sus efectos en la salud: 

https://www.gutmicrobiotaforhealth.com/es/acidos-grasos-de-cadena-corta-sus-efectos-en-la-salud/

Yogur in Nutrition: Las bacterias amigables del yogur pueden ayudar a mejorar la salud:

https://www.yogurtinnutrition.com/es/las-bacterias-amigables-del-yogur-pueden-ayudar-a-mejorar-la-salud/

Instituto Danone: Probióticos: Su Impacto en la Nutrición y la Salud. Una Visión del Cono Sur:

http://www.institutodanoneconosur.org/publicaciones/libro-probioticos-su-impacto-en-la-nutricion-y-la-salud-una-vision-desde-el-cono-sur

Epic Science Society: Probióticos. Tu Salud depende de tu Flora Intestinal

https://www.epicsciencesociety.com/probiotico-intestino-irritable/

Anales de Pediatría: Asociación Española de Pediatría: https://www.analesdepediatria.org/es-probioticos-concepto-mecanismos-accion-articulo-13092364

Nutrinfo: Comunidad de expertos en Nutrición

https://www.nutrinfo.com/

Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca: Subsecretaria de Alimentos y Bebidas. Probióticos, Legislación en marcha.

http://www.alimentosargentinos.gob.ar/HomeAlimentos/Publicaciones/revistas/nota.php?id=334


Estás en una reunión con amigos y alguien propone jugar a asociar libremente palabras que te vengan rápidamente a la cabeza a partir de otra palabra dada,  y te dicen: “Si te digo ´bacteria´, ¿qué palabras se te ocurren?”. Y ahí empezás: miedo, asco, enfermedad, suciedad, bichos…. 

Desde chicos aprendimos que todos los miembros del colectivo de los “bichos” son seres que es mejor tener lejos. Pero hace algunos años la evidencia científica derribó ese relato al demostrar que ciertas bacterias no solo no son perjudiciales para la salud, ¡sino que son beneficiosas!. A tal punto que hoy resulta deseable convivir con millones de bacterias que cumplen funciones definidas y ayudan en muchos procesos de nuestro metabolismo, además de protegernos frente a la acción de otros microorganismos que sí pueden resultar perjudiciales para nuestra salud. 

Las bacterias como agentes de salud 

En nuestro cuerpo habitan millones de bacterias que se alojan en distintas zonas: la piel, párpados, nariz, boca y también en el intestino conformando la microbiota intestinal. Si bien la microbiota de cada persona es única, ya que está compuesta por gran variedad de colonias de bacterias (buenas y malas), los “lactobacilos” y las “bifidobacterias” son los dos tipos predominantes en la colonia de las personas que gozan de buena salud. Precisamente estos dos tipos de bacterias beneficiosos están presentes en el yogur.

“Las bacterias probióticas fueron definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como microorganismos vivos que, consumidos en dosis adecuadas, ejercen efectos benéficos sobre la salud, más allá de las inherentes a la nutrición básica”, explica el biólogo y especialista del CONICET, Gabriel Vinderola. “La mayoría de estas bacterias pertenecen a los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium y son incluidos en productos lácteos fermentados, principalmente yogures, para su llegada al consumidor”, agrega Vinderola.

Por su parte, la jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. Bonorino Udaondo, Andrea González, sostiene que si hablamos de la ‘matriz yogur’ de alimentos, esta cuenta con ácidos grasos bioactivos, proteínas, vitaminas y minerales, y fundamentalmente calcio y vitamina D, y además es muy versátil ya que puede transportar probióticos y además prebióticos, que son la fibra alimentaria, es decir, el alimento que eligen nuestras bacterias para producir variedad y abundancia en nuestra microbiota intestinal.

Por un lado tenemos a los prebióticos, es decir, la fibra de las frutas, las verduras y los cereales enteros. Luego están “los bichos” en sí que son los probióticos que incorporamos vivos a través de los alimentos fermentados como el yogur; y finalmente están los posbióticos, resultado del “trabajo” de las bacterias en nuestro organismo. Ejemplos de posbióticos son el acetato, el propionato y el butirato: ácidos grasos de cadena corta. De estos, el butirato, por ejemplo, previene el cáncer de colon. 

El yogur como fuente de probióticos

“Los yogures no son los únicos vehículos de probióticos, hay otros alimentos como los jugos de fruta, los helados, las barras de cereal o algunos chocolates que se utilizan como alimentos que contienen probióticos, inclusos suplementos alimenticios disponibles en farmacias, como cápsulas, píldoras o sachets que contienen probióticos”, señala Vinderola. 

Pero ¿cuáles son las características que han hecho del yogur el alimento de preferencia para la incorporación de probióticos? “Por un lado, el yogur es un alimento de elaboración relativamente simple, donde la leche se pasteuriza, se agregan las bacterias Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus para fermentar la leche y una vez enfriado el producto, se agregan los probióticos, el yogur se envasa y se mantiene refrigerado hasta su consumo, lo cual se da dentro de las 4-5 semanas de su elaboración”, continúa el especialista. 

Es decir, los probióticos, durante la producción del yogur o su conservación en heladera, no se encuentran expuestos a condiciones ambientales que pudieran afectar su viabilidad, dado que, para que funcionen como probióticos, deben ser consumidos vivos, y el alimento debe asegurar esa supervivencia. Los probióticos no podrían agregarse a alimentos que requieran cocción o que se mantengan fuera de la heladera.

Asimismo, vale aclarar que no todos los yogures aportan probióticos, sólo aquellos que están declarados en la etiqueta. (ver recuadro con la normativa para poder denominar alimento probiótico).

Por otro lado, para que los probióticos cumplan sus efectos benéficos la ingesta debe ser frecuente y sostenida en el tiempo, como es el caso de las personas que diariamente consumen un yogur como parte de una colación saludable. A su vez, pocos alimentos reúnen simultáneamente estas características de consumo frecuente, perfil nutricional adecuado y proceso de elaboración compatible con la supervivencia de los probióticos”, concluye Vinderola. 

A su vez, la lactosa del yogur se digiere de manera más eficiente que en otros lácteos, aclara la especialista González. Y agrega: “La lactasa bacteriana presente en el yogur sobrevive en condiciones ácidas en el estómago, además subsiste al PH neutro duodenal, y así llega entera al colon, pudiendo colonizar la pared colónica para hacerla menos permeable a bacterias malas”.

De esta manera, el yogur es el alimento fermentado más difundido en nuestra cultura, y esto se debe a que además de ser un alimento que agradable al paladar y práctico para consumir en cualquier momento y lugar, podemos elaborarlo de manera casera o consumirlo en sus versiones industrializadas. Asimismo, podemos encontrarlos en una gran variedad de sabores y presentaciones: los hay con frutas o cereales, batidos, cremosos, bebibles, enteros o light y en envases individuales, sachet o botella para consumo familiar. Y, como si todo esto fuera poco, ofrece efectos muy beneficiosos para la salud con el consumo de una porción diaria. 

Sin embargo, pese a todas las bondades que ofrecen los yogures con probióticos, su consumo en Argentina es bastante pobre si lo comparamos con el de otros países. En Suiza, por ejemplo, se calcula que una persona consume 35 kilos de yogur al año, mientras que en nuestro país ese número desciende notablemente a tan solo 7 kilos al año por persona. 

Esto, a su vez, tiene consecuencias negativas para nuestra salud dado que yogur es un alimento altamente recomendado para prevenir y en algunos casos aliviar el malestar digestivo, como como reflujo frecuente, intolerancia alimentaria, síndrome de intestino irritable, trastornos funcionales y diarreas frecuentes y enfermedades como la obesidad y la diabetes tipo 2. 

Somos lo que nuestras bacterias comen

La especialista González advierte: “Los alimentos que ingerimos no son inocentes y vamos a tener que adquirir cada vez más conciencia de qué es lo que consumimos como alimentos. Nuestra dieta

tiene que ser un acto responsable, porque todo lo que ingerimos llega a nuestro intestino, y los restos que nuestras enzimas del intestino delgado no pudieron digerir llegan al colon, donde las bacterias se van a alimentar de eso que les dimos, sea bueno o malo, y si es malo nos trae consecuencias para la salud”.

Por todo esto es fundamental atender a nuestra dieta ya que, como explica González, “nos hemos transformado en una tríada muy importante conformada por lo que comemos, que es la dieta; el huésped, que somos nosotros; y nuestra microbiota, es decir, el conjunto de bacterias que viven en nuestro intestino”. Y no podemos disolver esta triada porque nos necesitamos y dependemos unos de otros estrechamente. Y para optimizar esta relación nada mejor que el consumo de prebióticos, probióticos, derivados, solos o combinados, porque si hay equilibrio en la salud digestiva, hay equilibrio en todo nuestro cuerpo, subraya González.

Por otra parte, cada país dispone de una guía alimentaria con recomendaciones específicas sobre qué conviene incluir en la dieta, y en qué proporciones. El Código Alimentario Argentino recomienda ingerir tres porciones de lácteos al día. La doctora especialista en nutrición y directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición Clínica de la Universidad de Buenos Aires María Elena Torresani considera que “lo más recomendable es que al menos una de esas porciones diarias sea un yogur o un lácteo fermentado rico en probióticos. ¿Por qué? No tienen contraindicaciones y solo existe evidencia científica que muestra beneficios”. 

¿Cuáles son los beneficios puntuales de los probióticos para nuestra salud? 

Obesidad: Dado que una microbiota sana fabrica ´incretinas´, que son hormonas que van al cerebro, quitan el hambre y dan saciedad. También disminuyen la inflamación y la insulinorresistencia. 

Diabetes Tipo II: Independientemente del tipo de yogur que sea, del tenor de grasa que tenga y que sea o no azucarado. “Un yogur al día ha mostrado una reducción de al menos el 17 por ciento de la probabilidad de padecer diabetes tipo 2”, explica Torresani. Y agrega: “A su vez hay suficiente evidencia científica que respalda los beneficios del consumo de yogur en el control de la glucosa en sangre”. 

Bienestar emocional: Una microbiota que está bien nutrida fabrica neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que tienen que ver con el placer y la estabilidad emocional, el control de impulsos y saciedad. Esto es posible gracias a las proteínas lácteas y las que están en los yogures derivados de leches.

Por otra parte, el consumo de yogur está asociado con patrones saludables ya que, de acuerdo con el contenido nutricional, los consumidores de yogur digieren más cantidad de nutrientes esenciales. Asimismo, estas personas tienden a consumir más vegetales y fibras y menos alimentos procesados, fritos, pizzas, refrescos con azúcar y alcohol. Los consumidores de yogur suelen llevar una vida menos sedentaria y más ligada a la actividad física. 

En cuanto a los niños, González enfatiza: “Está comprobado que los chicos que consumen yogur suelen consumir también todo lo que viene habitualmente con el yogur, es decir, frutas y cereales integrales y además tienen una dieta más rica y variada”. Y resalta al respecto: “Hay una frase de Shakespeare que me gusta mucho y dice ‘Nuestros cuerpos son nuestros jardines, nuestras  decisiones nuestros jardineros’. Esto significa que hay que hacerse responsable de la alimentación y, si somos padres, ser responsables de la alimentación de nuestros hijos, por eso hay que educarlos”.

Al conocer las múltiples bondades que nos ofrecen los probióticos, ¿no sería un buen momento para que empecemos a incorporarlos en nuestra dieta? Así podremos transformarnos en “los jardineros de nuestros propios jardines” y, en consecuencia, tener una mejor calidad de vida.

 

¿Qué condiciones debe cumplir un microorganismo para ser considerado probiótico?

El microorganismos tiene que cumplir determinados requisitos, entre los que se encuentran: una caracterización “in vitro; tener resistencia gástrica y biliar; haber realizado ensayos “in vivo” e “in vitro” que demuestren los efectos probióticos adjudicados, y en cuanto a la seguridad, la cepa probiótica no debe ser riesgosa para la salud.

 MARCO NORMATIVO a nivel internacional y en Argentina.

Japón diseñó marco legal para los probióticos estableciendo el sello FOSHU (Foods for Specified Health Use), que distingue a aquellos alimentos que se espera tengan un efecto beneficioso específico sobre la salud, tanto por la adición de determinados constituyentes activos como por el efecto derivado de la supresión en los mismos de alérgenos alimentarios. De esta manera, para que un alimento pueda ser considerado FOSHU se requieren pruebas de que el producto final ejerza un efecto saludable sobre el organismo cuando se lo consume como parte de una dieta corriente. Los productos FOSHU deben presentarse en forma de alimentos habituales y no como comprimidos o cápsulas.

En tanto, La Unión Europea, cuenta con un programa de la Comisión de Acción Concertada sobre Bromatología Funcional en Europa (Functional Food Science in Europe, FUFOSE) que tiene por objetivo desarrollar y establecer un enfoque científico sobre las pruebas que se necesitan para respaldar el desarrollo de productos alimenticios que puedan tener un efecto beneficioso sobre una función fisiológica del cuerpo, mejorar el estado de salud y el bienestar de un individuo, y/o reducir el riesgo de desarrollar enfermedades. En este sentido, la Comisión elaboró en 1999 un documento de consenso denominado “Conceptos científicos sobre los alimentos funcionales en Europa.”

Argentina, por su parte, comenzó a trabajar sobre una normativa al respecto, conformándose en el año 2006 un grupo de trabajo Ad Hoc, a solicitud de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL). El principal objetivo es evaluar la definición y los parámetros de estos productos para luego tratar su incorporación al Código Alimentario Argentino (CAA). En una primera etapa se comenzó a trabajar en la definición de “Probióticos”, tomando como referencia la normativa internacional existente.

Actualmente se ha encarado la elaboración de dos protocolos, uno correspondiente a las cepas probióticas y el otro respecto de los alimentos probióticos (productos a los que se incorporan dichas cepas). Estos protocolos apuntan a establecer las exigencias necesarias para demostrar las funciones benéficas que presenta el probiótico en estudio en el o los alimentos en los cuales vaya a ser utilizado.

Estos alimentos resultan beneficiosos y pueden ser un complemento saludable para una dieta y un estilo de vida apropiado. Son susceptibles de mejorar la salud, pero hay que valorarlos en su justa medida, puesto que no curan ni previenen por sí solos alteraciones ni enfermedades. Son una opción a tener en cuenta en determinadas circunstancias, como la alta exigencia que afrontan los deportistas de elite, o las necesidades de quienes, por ejemplo, padecen alteraciones o enfermedades tales como diabetes, obesidad, o malestares digestivos.

Fuentes:

Gut Microbiota For Health: Ácidos grasos de cadena corta y sus efectos en la salud: 

https://www.gutmicrobiotaforhealth.com/es/acidos-grasos-de-cadena-corta-sus-efectos-en-la-salud/

Yogur in Nutrition: Las bacterias amigables del yogur pueden ayudar a mejorar la salud:

https://www.yogurtinnutrition.com/es/las-bacterias-amigables-del-yogur-pueden-ayudar-a-mejorar-la-salud/

Instituto Danone: Probióticos: Su Impacto en la Nutrición y la Salud. Una Visión del Cono Sur:

http://www.institutodanoneconosur.org/publicaciones/libro-probioticos-su-impacto-en-la-nutricion-y-la-salud-una-vision-desde-el-cono-sur

Epic Science Society: Probióticos. Tu Salud depende de tu Flora Intestinal

https://www.epicsciencesociety.com/probiotico-intestino-irritable/

Anales de Pediatría: Asociación Española de Pediatría: https://www.analesdepediatria.org/es-probioticos-concepto-mecanismos-accion-articulo-13092364

Nutrinfo: Comunidad de expertos en Nutrición

https://www.nutrinfo.com/

Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca: Subsecretaria de Alimentos y Bebidas. Probióticos, Legislación en marcha.

http://www.alimentosargentinos.gob.ar/HomeAlimentos/Publicaciones/revistas/nota.php?id=334