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Los éxitos de la rehabilitación ecuestre en Buenos Aires

Los éxitos de la rehabilitación ecuestre en Buenos Aires

20/08Pacientes autistas, con discapacidades motoras y mentales de hospitales provinciales concurren a un centro de rehabilitación en el Hipódromo de La Plata. A muchos les cambia la vida. Historias y resultados sorprendentes.

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Más de 30 pacientes de hospitales públicos provinciales con deficiencias mentales, autismo, secuelas de ACV o patologías psiquiátricas concurren todas las semanas al Centro de Equitación para Personas con Discapacidad y Carenciadas (CEDICA), donde hacen rehabilitación ecuestre.
 
Los especialistas aseguran que los resultados son sorprendentes: chicos autistas que comienzan a comunicarse, discapacitadas mentales que aprenden a generar un vínculo, personas que mejoran su equilibrio y capacidad de movimiento, hasta niños con parálisis que encuentran bienestar y deseos de vivir.

 
Al predio de la ONG Cedica, ubicado en el Hipódromo de la Provincia en La Plata, “concurren pacientes de los hospitales provinciales Elina de la Serna, San Lucas, Ramos Mejía y José Ingenieros, que asisten a personas con discapacidades mentales, autismo y patologías psiquiátricas”, explicó el ministro de Salud provincial, Alejandro Collia.
 
Este tipo de actividades extramuros, agregó, “va en consonancia con la nueva ley de salud mental que habla de la necesidad de generar equipos interdisciplinarios para el bienestar de estos pacientes”, con la intención de facilitar la reinserción comunitaria.

“La idea es que estas personas no estén encerradas, aisladas y ‘empastilladas’ porque, se sabe, eso no mejora a nadie”, dijo Adriana Scarinci, directora del hospital Ramos Mejía, que alberga a 70 mujeres con retrasos mentales.
 
El Centro cuenta con 22 caballos entrenados durante dos años para realizar rehabilitación ecuestre. Pero, además, allí trabajan 80 personas entre psicomotricistas, psicólogos, terapistas ocupacionales, profesores de educación física, psicopedagogos e instructores. A cada paciente se le asigna un caballo que será “su” caballo y un grupo de entre tres y cinco personas que se dedicará a acompañarlo en forma personalizada durante la hora semanal de actividad. Además, cuenta con un blog: http://www.equitacionparatodos.blogspot.com.ar/
 
Las historias:
Dicen que el caballo es para el hombre como las alas para los pájaros. Y puede ser mucho más aún si quien lo monta sufre de autismo, retraso mental, secuelas de ACV o parálisis cerebral.
 
A muchos de ellos la rehabilitación con caballos les devuelve nada menos que la posibilidad de volver a sentir cómo es caminar. Montar los hace percibir el desplazamiento perdido.
 
A Diego, un niño autista de 10 años, nada lo sacaba de su ensimismamiento: no hablaba, no se comunicaba ni con la madre, no miraba a los ojos, no conectaba. Después de un tiempo de concurrir a Cedica, la mamá contó asombrada que el nene se daba cuenta que los jueves iban a equinoterapia, y que esos días la miraba y repetía ‘paso, paso, paso’, lo que se le dice al caballo para que avance.
 
Los especialistas contaron que, además de mejorar su expresividad, a través de su relación con el animal y la necesidad de que lo sostengan para montar venció su rígida resistencia al contacto físico con otras personas.
 
Graciela tiene 30 años, padece retraso mental y es paciente del hospital provincial Ramos Mejía. Se autoagredía y agredía a otros todo el tiempo. Se mostraba siempre irascible. Sin embargo ahora le acaricia las crines a Tupac, que es “su” caballo negro. “Él me quiere mucho”, cuenta Graciela. Después lo mira y le dice “vamos a montar porque si no, no hay postre”. Tras cepillarle la cola, preparar la montura y ponerse su casco de jocketa -todo con la ayuda del equipo terapéutico-, se sube y comienza a andar. Va sonriente.
 
“A partir de esta actividad y el tratamiento que llevamos a cabo en el hospital logramos reducirle la medicación, que comience a verbalizar, que cambie su conducta agresiva y que sea capaz de expresar afecto”, contó Scarinci.
 
Mariano es otro de los pacientes con problemas de conducta.  El chico, de 9 años, no comía. Se resistía por todos los medios a hacerlo. El equipo terapéutico decidió darle la responsabilidad de alimentar a su caballo. El animal comía con ganas y placenteramente.
 
“Con el correr de los encuentros el chico empezó a conectarse de un modo nuevo con el hábito de comer y terminó alimentándose normalmente”, contó Gabriela Salas, una de las responsables de Cedica e instructora internacional en terapias ecuestres.

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