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Daniel Salamone, un científico tras la utopía posible de salvar especies mediante la clonación

Pionero en la materia, desarrolló en el país una técnica novedosa en el mundo entero y apuesta ahora al conservacionismo.

En el Laboratorio de Biotecnología Animal de la Facultad de Agronomía de la UBA hace calor. Mucho calor. "Es que los embriones lo necesitan para crecer", explica con actitud casi paternal Daniel Salamone, su director, mientras señala a Big Mamma, la incubadora que los contiene.

La vista de las entrañas de Big Mamma decepciona un poco: decenas de cajitas plásticas que contienen, cada una, una gotita. Pero, aunque no se pueda advertir a simple vista, esas gotitas contienen todo un zoológico en potencia: los embriones de chitas, tigres, vacas, caballos y gatos, entre otras especies, obtenidos mediante técnicas de clonación. De una gotita similar a ésas en 2010 nació, por ejemplo, Ñandubay Bicentenario, el primer caballo clonado en toda América del Sur.

Reconocido a nivel internacional como un referente en materia de clonación animal, Salamone va ahora tras una utopía que cree realizable: se propone comenzar a aplicar esta técnica con fines conservacionistas, porque este especialista entrerriano, investigador del Conicet, está convencido de que la clonación tiene mucho para aportar en lo que hace a la preservación de especies en peligro de extinción. Y se dispone a clonar, en las próximas semanas, como parte de un proyecto conjunto con la Universidad Maimónides, un ejemplar de gato de Bengala, un híbrido entre el gato leopardo asiático y el gato doméstico. La madre sustituta será una gata doméstica.

"No hace mucho, la asociación de zoológicos norteamericanos recomendó no clonar especies animales. Para mí es difícil de interpretar ese pronunciamiento. Yo no digo que la clonación sea la panacea, pero podría ser un arma valiosa en el caso de las especies en vías en extinción.

"El clon pensado como copia de un animal vivo que tiene capacidad reproductiva normal no es una buena idea, pero cuando un animal es infértil o muere sin dejar descendencia, especialmente cuando no quedan muchos de su especie, la posibilidad de generar un clon suyo me parece algo valioso. Para eso es sumamente importante que las instituciones comiencen a conservar material genético de las especies en peligro. Y, afortunadamente, algunos organismos provinciales y fundaciones comenzaron a acercarse a nosotros para comenzar a transitar por ese camino", destaca Salamone.

Hace pocos años, la lista roja de la Unión Internacional para la Conservacion de la Naturaleza, que alerta sobre especies en peligro de extinción, incluía 194 casos en la Argentina, de los cuales 12 se encontraban en peligro crítico. Las causas principales: el avance de los monocultivos, la deforestación y la caza indiscriminada, que van acorralando a especies como el yaguareté o el puma.

Proceso natural

Veterinario de la UBA, con maestría en Canadá y doctorado en la Universidad de Massachusetts, Salamone está al tanto de que hay quienes miran con recelo la utilización de este tipo de técnicas con fines conservacionistas. Alegan que el afán de la ciencia por resucitar especies que van camino a la extinción es ir en contra de los procesos de la naturaleza. "Con el mismo criterio, no habría que intentar curar a una persona que se enferma -retruca él-. Una cosa es la extinción natural y otra, bien diferente, es la ocasionada por malas intervenciones humanas."

El Zoológico de Buenos Aires le provee material genético de especies como tigres y chitas. Aunque el acuerdo no incluye la posibilidad de generar nacimientos. "Para nosotros es muy importante, para ir perfeccionando nuestras técnicas", explica.

Los zoológicos tienen, según Salamone, mucho por ganar si comienzan a conservar material genético de sus especies: "En la medida en que se reduce la cantidad de ejemplares de una especie, se incrementa la consanguinidad, es decir, cuando los animales emparentados empiezan a reproducirse entre sí, y comienzan a surgir problemas genéticos de todo tipo. Por eso es importante conservar material genético antes de llegar a esta situación. Las técnicas de clonación pueden realizarse usando solamente una muestra muy pequeña de la piel."

A nivel mundial, zoológicos como el de San Diego tienen programas orientados a la conservación genética. Y en el ámbito local, el Zoológico de Buenos Aires lleva adelante desde hace algunos años el proyecto ARCA (Asistencia de Reproducción y Conservación Animal), un banco de material genético creado para preservar la riqueza de nuestra fauna.

Hace algunas semanas pasó por el laboratorio de Salamone Rajneesh Verma, un científico indio radicado en Australia que se propone montar en su país un "zoológico congelado", que contará con financiamiento de su gobierno. Como parte de un acuerdo con Australia, el laboratorio de la Fauba recibirá material genético del gato cerval, una rara especie de felino africano que Salamone y equipo buscarán clonar.

"Algunas instituciones públicas que se dedican a castrar felinos nos donan los óvulos y eso nos permite trabajar mucho y perfeccionar técnicas. Aquí reprogramamos esos óvulos con la información de la especie que queremos clonar. Basta con una muestra de piel de esa especie para obtener millones de células con la información que necesitamos. Después, sólo hace falta una madre sustituta", puntualiza.

Si bien hasta ahora los casos exitosos de clonaciones que han llegado al nacimiento se han dado sobre todo entre ejemplares del mismo tipo (vacas pariendo terneros, por ejemplo), Salamone cree que hay margen de maniobra aun cuando no se consiga la madre sustituta de la especie que se quiere clonar. Tal es el caso de la gata doméstica que, en pocas semanas, portará el embrión de gato de Bengala.

"Estamos desarrollando tecnología para que la clonación sea exitosa aun cuando las especies no estén lo suficientemente emparentadas. Una vaca podría anidar un embrión de gaur o una chancha podría llevar un embrión de jabalí. Incluso la oveja podría ser la madre sustituta de un muflón, con el que tiene antepasado común."

Pero hay más: Salamone no descarta poder generar cerdos transgénicos cuyos órganos puedan ser trasplantados en seres humanos. Para éste y cada uno de sus proyectos se vale de un equipo formado por estudiantes avanzados y graduados de diferentes especialidades: biólogos, especialistas en genética, en reproducción animal, veterinarios, ingenieros agrónomos, etcétera, a los que siempre se suman miembros de otros países. Han pasado jóvenes de Colombia, España, Brasil, Paraguay, la India y hasta Mozambique.

"Yo creo que la principal innovación de este laboratorio es que le estamos dando la oportunidad a gente joven de tener acceso a tecnología de primera y conocimientos de última generación. Y, por lo general, es gente con muchas ganas, con la que buscamos encarar proyectos en los que esté presente el matiz conservacionista", destaca el especialista. Lucía Moro, por ejemplo, licenciada en biotecnología y becaria del Conicet, integra el equipo que trabaja en la clonación del gato de Bengala.

El futuro de otros felinos también podría verse favorecido con esta técnica. Es el caso del yaguareté, el puma, el gato andino y el gato de las pampas, entre otras especies. "Yo confío en que la postura de quienes se oponen a la clonación de especies en peligro de extinción cambie con el paso del tiempo, cuando vean que con técnicas simples y mínimamente invasivas se pueden obtener animales."

Sin embargo, Salamone es consciente de que con la tecnología no alcanza. "Naturalmente que se deben preservar las especies en estado salvaje y en sus hábitats naturales. Con la clonación no pretendemos negar esta realidad. Simplemente buscamos hacer nuestro aporte en la misma dirección."